El último amanecer

El último amanecer que mis ojos ven con 44 años. Faltan unos minutos para las 6:00 de la mañana. Aunque es sábado, mi cuerpo se levanta como si fuera un día de trabajo. Ya mañana tendré 45. Se escuchan pajaritos, gallos, y camiones transitando a lo lejos. Vuelan dos cotorras juntitas hacia el palo de aguacates de Yuli, la vecina de enfrente que murió hace unos años. Trato de saborear este momento, pero la nueva cachorra que rescató mi hijo mayor, me muerde los dedos de los pies mientras y no me permite relajarme, aún así algunas lágrimas huyen de mis ojos. Todos duermen en mi casa y en nuestra calle. Ha sido un año duro para mí. El tiempo va muy rápido desde la pasada década. Tan rápido, que a veces pareciera que no me da tiempo para detenerme a contemplar amaneceres así. La cachorra nueva ahora juega con mi perra. Se revolotean por todo el balcón. Se persiguen. Se muerden. Ya no sé si juegan, o pelean. Las miro, y en un minuto, ya salió el sol. Ya el cielo dejó de ser naranja y así pasan los momentos para atesorar. Vuelvo y entro a mi casa. El piso está frío y abunda el silencio. Todos continúan durmiendo. Me detengo y sonrío, aún no me lo creo.Cuando era más joven, jamás me vi con una familia grande y tan hermosa como la que tengo. Eternamente agradecida con Dios por eso. Ya huele a café en mi cocina. Ya pronto, cuando todos se levanten, olerá a pan recién tostado, tocineta, y huevos. Ya comienza otro día, pero no es cualquier día, es el último día de mis 44 años.