Arlequin con cuerpo de lombriz y cabeza de pimienta

– ¡Púdrete con sal!

Las nubes se derriten cayendo al mar.

-Échale mejor azúcar que el cielo se abre en dos.

-¡No! ¡No! Mejor vinagre… ¿Qué crees?

Tal vez el mar se fugó.

-Mejor agrega las tres.

Eran las 3p.m. Sí. Las 3p.m. Lo recuerdo muy bien, ¿y tú, te recuerdas? También éramos tres los que estábamos allí aquella vez.

-Yo creo que con sal, azúcar y vinagre no nace la lombriz. ¿Qué crees si le añades pimienta y un poco de menta? Así la cabeza de una vez le revienta y nos deshacemos de ese arlequín.

Me tocó ser diferente por mi cuerpo de lombriz y con este rostro me llaman arlequín. Vivía entusiasmado en la tristeza de mi papel. «Asi tiene que ser»; decía el boleto que yo no compré. Soy al revés. ¿Qué puedo hacer? Esta tierra me esta envenenado el cerebro de hormigas que se disparan en mi llanto que nadie escucha. Grito y grito, y no me escuchan. Creo que para echar a volar estas alas de perla tendre mucho que aprender.  No existe compasión por este amanecer, ni riqueza malquerida por tocarme a mí, este arlequín con cuerpo de lombriz, alas de perla y cerebro de pimienta. ¿Será acaso que me confundí de planeta? ¿Quién fue el que inventó la mezcla? A ver, ¿dónde está el boleto? ¿Qué decía? Ahora a esconder su torpeza para hallar calma por mi rareza. Al horno caliente y audaz me sobre cocinaron. Luego me arrancaron de allí. Vi el mundo por 5 segundos. Mi mama era muy bonita. Conocí el dolor antes que el amor solo por haber sido un «error». Si, éramos tres; mami, el doctor y yo. A las 3 p.m. o tal vez ya las 4 p.m. cuando mi pulso frenó o me pararon el corazón.

El fruto del árbol prohibido

Descarrilada el ave

cual vuela soñolienta

Entre ríos y abismos

en los cuales busca inocencia

Se topa con el dulce canto del sol frígido

cuyas melodías brotan

surgiendo de lo prohibido

¡Dulce volar, no te dejes llevar!

…la corriente brusca te puede atrapar.

Desconsolada el ave vuelve a su nido

buscando parasitos para alimentar sus sentidos

¿De dónde suelen llorar las hojas del otoño?

¡Vuela ave sin cesar!

Las lágrimas del deseo te van a matar

Ahogada entre miedos y sorpresas

se encuentra tal cenicienta

cantando al olvido

Las canciones del sol

que ya se ha escondido

La oscuridad que se asoma

La cual divide el pasado del ahora

Tinieblas y versos rotos

Desde las montañas hasta el mar Rojo

que de sangre se nutre,

para dar confianza a los payasos

que yacen en las nubes

¡Búscame!

Estoy por acá escondido

¡Si! ¡Ahí! En donde está el fruto del árbol prohibido