Hoy vi algo que me dejó temblando. O sea, todavía estoy en shock. Parece que el universo sabe que me gusta contar historias… y me las regala. 🥴 ¡Coño, pero las historias que me regala están del carajo!
Eran las 8:40 p.m., iba por la PR-22 rumbo a Plaza Las Américas, cuando un muchacho caminaba por el paseo… tambaleando y de momento se metió en el carril y los carros ahí van a las millas porque eso es autopista. En un segundo, el carro frente a mí lo impactó por la cadera. El muchacho giró varias veces en el aire y cayó al suelo, quedando inmóvil.
Inmediatamente mi reacción fue esquivar ese carro. Luego meterme en la grama, tomarle una foto al carro pensando que no lo siguiera de rollin’ pin’ y llamé al 911. El conductor se bajó de inmediato, nervioso, y confundido. Le digo que estoy llamando al 911 y me pregunta que a qué le había dado que sonó tan fuerte. Ay, señor, le dio a una persona que estaba caminando y se le metió al carril. Es que no se veía y se metió de repente. 🥺 Ese hombre se asustó y preocupó tanto. Se quedó con él hasta que llegó la ambulancia. Varias personas más se unieron para ayudar: un profesional de la salud, el carro que venía detrás de mí también se detuvo y otros que no dudaron en detenerse.
El herido, parece ser un deambulante que no hablaba español. En lo que llegaba la ambulancia empezó a moverse pese a estar ensangrentado. La ambulancia llegó en diez minutos, que aquí eso es milagroso. Gracias a Dios. Pensé en mis hijos, Dios los proteja, pero jamás quisiera pensar que les pase algo así y la gente siga de rolo dejándolos como un gato atropellado en la cuneta.
Hoy me llevo varias cosas de esto: una imagen difícil de borrar… y la certeza de que todavía hay gente buena que se detiene sin pensarlo dos veces. También el ejemplo que mis hijos pudieron presenciar hoy sobre lo valioso que es ayudar y servir, y en este caso, salvar una vida. Ese es el Puerto Rico que atesoro. ❤️

