Te sonarán familiares frases como: “los niños hablan cuando las gallinas mean.” Tal vez aún pienses que son consejos sabios, porque creciste rodeado de adultos que te los repetían. Y quizás tú también los repites, porque así somos muchos: reproducimos patrones aprendidos sin cuestionar si realmente nos benefician… o si son, en realidad, tóxicos.
Los niños son personas en formación con ideas, emociones y opiniones propias. Para conocerlos de verdad y respetar sus derechos, primero hay que escucharlos. No es un capricho. Es un derecho reconocido en el Artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, que establece que todo niño tiene derecho a expresar su opinión libremente en los asuntos que le afecten, y a que se le dé el debido peso según su edad y madurez.
Tengan o no la razón, solo podremos guiarles con empatía si primero les damos espacio para expresarse. Esa vieja manía de que los niños “no opinan” en conversaciones de adultos nace de la ignorancia, el autoritarismo y la falta de educación emocional. Es hora de romper ese patrón. Escucha a los más pequeños. Escucharlos no es solo un acto de amor, sino un acto de justicia.
¡Te sorprenderá cuánto los niños tienen para enseñarte!
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