Desde hace mucho tiempo, me preguntaba si eso del «amor a primera vista» era algo cierto o solo era una fantasía más que nos vendían las novelas populares de Latinoamérica. Creí muchas veces haberme enamorado a primera vista cuando en cuestión de segundos me topaba con la triste realidad que había sido otra falsa alarma. El tema del amor siempre me llamó la atención, es que, soy una novelera orgullosa y una soñadora empedernida.
Desde pequeña, soñaba con la llegada del príncipe azul, que con la primera cruzada de miradas ya quedaríamos flechados para toda la vida. La vida nos regala muchas sorpresas, muchos desencantos y muchas alegrías. Tal vez el amor a primera vista era una construcción social y no existía.
Luego de tantos desencantos, me di cuenta que nunca me había enamorado ni a primera vista, ni a segunda, ni a tercera. Faltaba algo, algo que sería lo que iba a llenar todo. Algo que tuviera esa magia capaz de convertirse en amor, y cuando menciono la palabra amor me refiero al amor verdadero, real, genuino y puro. ¿Donde se había escondido ese ser que me hiciera sentir todo esto que con ansias he esperado toda mi vida?
Decidí resignarme y pensar que todo esto del llamado «amor a primera vista» había sido un engaño nefasto. ¡Oh no! Yo había sido una más en la lista de tontas esperando el verdadero amor. Con todo esto dando vueltas en mi cabeza por muchos años, algo inesperado sucedió. Fueron 37 semanas de espera. El 14 de diciembre del 2007 a las 10:00p.m. en el Hospital Pavía de Santurce, Puerto Rico conocí mi tan esperado «amor a primera vista» .
Cuando lo vi supe que era él. Lo reconocí. El me reconoció. En cuestión de segundos quedamos flechados para toda la vida. Es un amor verdadero, real, genuino y puro. Su peso fue 7 libras con 2 onzas. En ese instante de mi vida me di cuenta que a veces uno se encasilla en una idea y no ve más allá. El amor a primera vista existe. Ese amor eres tú, Etienne. Te amo. Feliz día de las Madres para mí y para todas las madres que conocemos este amor.
